A Félix Gustavo Schuster, nuestro maestro y “decano de a pie”

Un adiós personal
Cecilia Hidalgo

Félix G. Schuster rompió con todos los moldes y condensó una conjunción de cualidades raramente concretizadas en una sola persona: una inteligencia aguda y una inmensa cultura acompañadas siempre por el afecto, el altruismo, la calma, la humildad, la sinceridad, el respeto y la preocupación por los demás. Blas Alberti, profesor de la carrera de Ciencias Antropológicas de la UBA en la que me gradué, nos presentó en 1975: Félix era amigo y compañero suyo de militancia y Blas lo consideraba muy especial tanto por su saber como por su personalidad. Quien conoció a Félix sabe hasta qué punto era capaz de abrir caminos y hacer fascinante la reflexión sobre la epistemología y la investigación social en Latinoamérica. Durante la dictadura militar, salido Félix de la prisión, la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico (SADAF) fue la catacumba en la que encontramos una zona de refugio y de imaginación para un pensamiento alternativo. Desde entonces trabajamos juntos –a partir de 1983 en la UBA– tematizando y actuando en el campo de la investigación social, las prácticas de diversas comunidades científicas y su creatividad.

Repasemos juntos algo sobre el joven Félix, quizá el menos conocido por quienes hoy estudian, enseñan y trabajan en Puán. Como estudiante en el Colegio Nacional “Julio Argentino Roca” Félix había pensado en ser ingeniero. Luego y a instancias de sus padres se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero su vocación lo inclinaba a la Filosofía, carrera en la que se graduó en la UBA en 1963. La Facultad de Filosofía y Letras de entonces tenía sede en la calle Viamonte 430, en el edificio que hoy ocupa el Rectorado. La efervescencia y la creatividad del ambiente estudiantil de la década de 1960 marcaron profundamente a Félix, cuyos intereses alrededor de las humanidades y las ciencias sociales eran ya imposibles de soslayar. En una entrevista que le realizara Rosana Errasti y cuyo contenido integra un artículo suyo en el volumen homenaje que coeditaran FLACSO y CICCUS en 2005 (Hidalgo y Tozzi, comps.), Félix señalaba con humor que lo que más le había gustado de su paso por Derecho eran las tardes de sol en los bancos de Plaza Francia, los encuentros con amigos de la facultad y las noches de bohemia en el Club Argentino de Ajedrez. Félix se destacó en el ajedrez y este talento fue componente esencial de la convivencia carcelaria con otros presos políticos de la última dictadura, a quienes les enseñó a jugar sin tablero, voceando las movidas de celda en celda, tal como testimonia Emilio de Ipola en el volumen Homenaje mencionado. También en ese entonces conoció a Elba, su esposa y compañera de toda la vida.

En Viamonte 430, “donde empezó todo” al decir de Ernesto Laclau, Félix leyó a Julio Cortázar en las clases de Anita Barrenechea, asistió a los cursos de literatura inglesa de Borges y de ética de Risieri Frondizi, se inició en el estudió de Filosofía de las Ciencias en los cursos de Mario Bunge que prosiguió luego bajo la guía de Gregorio Klimovsky, de quien fue su primer becario. Allí fue alumno de profesores de la talla de Gino Germani, José María Monner Sans, Gilda Romero Brest, Vicente Fattone, José Luis Romero y Julio Payró, entre tantos otros. Y compartió la vida universitaria que se prolongaba en la librería Verbum, el Instituto Di Tella y luego el CAYC, todos en los alrededores de Viamonte.

Participó tempranamente en la vida política de la universidad. Entre 1964 y 1965 fue consejero del Consejo Superior en representación del Claustro de Graduados; y luego, consejero también de Graduados pero del Consejo de la Facultad, desempeñándose como tal desde 1965 hasta julio de 1966, fecha en que el gobierno militar del general Onganía intervino las universidades nacionales. Luego de La Noche de los Bastones Largos es separado de la universidad –donde era docente en la cátedra de Gregorio Klimovsky– y pierde la beca del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET), con la que se había iniciado en la investigación. El British Council le permitió continuar sus estudios de posgrado con una beca de posgrado en la Universidad de Londres, donde uno de sus profesores fuera Karl Popper. A su regreso integró en 1972 el grupo fundador de la Sociedad Argentina de Análisis Filosófico (SADAF) junto a Carlos Alchourrón, Eugenio Bulygin, Genaro Carrió, Alberto Coffa, Juan Carlos D’Alessio, Ricardo Gómez, Gregorio Klimovsky, Raúl Orayen, Eduardo Rabossi y Thomas Moro Simpson. En SADAF Félix desarrollaría hasta el presente una intensa actividad intelectual, al punto de que un Seminario bajo su conducción dedicado a la Epistemología de las Ciencias Sociales y los Estudios sociales de la ciencia bien podría entrar en el libro de los records de Ginness por su permanencia y especificidad temática en encuentros mensuales desde hace ya más de tres décadas.

Al producirse el golpe militar de 1976, cuando Félix revistaba como profesor de la Universidad Nacional del Sur, en Bahía Blanca, fue detenido y encarcelado durante un año y cuatro meses. Una beca del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) para la elaboración de un libro marcó su reinserción en el campo académico en 1978. Así surgió un clásico de epistemología de las ciencias sociales en Argentina, Explicación y predicción. La validez del conocimiento en ciencias sociales, editado por CLACSO en 1982 y reeditado en 1986.

La vuelta a la democracia a la Argentina tuvo a Félix G. Schuster en prácticamente todos los cargos académico-institucionales posibles. En la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA , en 1984 gana los concursos de profesor titular ordinario de la Cátedra de Epistemología y Métodos de la Investigación Social, en la carrera de Antropología, y de profesor titular ordinario en las cátedras de Filosofía de las Ciencias y de Filosofía Especial de las Ciencias. En 2002 fue nombrado profesor consulto titular de dicha facultad. Su trayectoria como docente de grado y de posgrado, de director de investigaciones acreditadas, tesis y becas es imposible de resumir, así como su participación activa en organismos de investigación, destacándose su labor como director del Departamento de Filosofía (1989-1993), Secretario de Investigación y Posgrado, ambos de la FFyL (1991-1998). Representó al Claustro de Profesores en el Consejo de la Facultad y actuó como miembro del Comité Académico y coordinador de la comisiones asesoras del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET).
Entre 2002 y 2006 fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Eran tiempos de crisis y Félix supo conducir con sus modos comprometidos y cordiales las innúmeras estrecheces económicas y de todo tipo que acechaban nuestra institución. Solíamos decir que él no resolvía los problemas sino que los disolvía como por arte de magia. Miraba todo desde otro lugar y nos permitía por momentos ver al mundo con él desde esa alta perspectiva.

La trayectoria intelectual y personal recorrida por Félix Schuster, su capacidad para plantear problemas de una manera creativa, siempre sensible a la especificidad del conocimiento sobre lo humano y lo social, lo han hecho pionero en el tratamiento de cuestiones relegadas alternativamente por escuelas epistemológicas de corte normativista y por corrientes teórico-sociales dogmáticas. En el Instituto de Ciencias Antropológicas fue codirector (conjuntamente con Cecilia Hidalgo) de diversos proyectos UBACYT dedicados al estudio de diversas comunidades científicas desde una perspectiva a un tiempo antropológica (Programaciones 1995-98, 1998-2000, 2001-2003, 2003-2007, 2007-2011).

No le gustaba que alabaran su obra. Valga esta anécdota: en una reunión académica al presentarlo, lo hice, ante lo cual me dijo por lo bajo en tono inusitadamente serio “Ese no soy yo. No me reconozco”. (No me retes, Félix, pero voy a nombrar al menos algunos de tus textos:
1993 El método en las ciencias sociales (Centro Editor de América Latina, Argentina). Reeditado en 1997; 1994 Popper y las Ciencias Sociales (CEAL, Argentina); 1997 Método y conocimiento en ciencias sociales. Humanismo y Ciencia (Prociencia CONICET, Argentina). FG Schuster y Alberti, Blas 1995 URSS: la crisis de la razón moderna (Tekne, Argentina); FGS y Althabe, Gérard (comps.) 1999 Antropología del presente (Edicial, Argentina); FGS y Klimovsky, Gregorio (comps.) 2000 Descubrimiento y creatividad en ciencia (Eudeba, Argentina). Asimismo cabe mencionar el libro Filosofía para la ciencia y la sociedad. Indagaciones en honor a Félix Gustavo Schuster de Cecilia Hidalgo y Verónica Tozzi (compiladoras) en el que participaron Agnes Heller, Emilio de Ipola, Carlos Strasser, Gregorio Klimovsky, Ernesto Laclau, Alberto Rex Gonzalez, Ricardo Gomez, Bruno Winograd, Elvira Arnoux, Victor Rodriguez, Eduardo Gruner, entre muchos otros destacados intelectuales. Además, la Colección Ciencia en Sociedad dirigida por Cecilia Hidalgo y Adriana Stagnaro y coeditada por CLACSO y CICCUS horna y está dedicada a Félix G.Schuster, en su caracter de fundador de la temática en Argentina)

Una inteligencia unida al afecto ha sido su marca indudable, que trasciende en sus textos, era la clave de sus clases y lo seguirá siendo en la impronta que ha dejado en estudiantes, colegas y en las múltiples instituciones universitarias que le ha tocado conducir, las más de las veces en tiempos tempestuosos. Hasta en hosteles estudiantiles latinoamericanos existen habitaciones que ex alumnos suyos han bautizado “la Schuster”.

A ese Félix que como padre de Federico y Graciela -ellos hoy ya “schusteres” con nombre propio- era capaz de combinar las lecturas más técnicas y abstractas con su pasión por Independiente llevando a la cancha a sus hijos y los compañeros de escuela de sus hijos, Andrés Calamaro le dedicó también una canción, cuya letra transcribimos para finalizar.

Hoy nos embarga el dolor de despedir a Félix G. Schuster, nuestro maestro y decano de a pie, cuya integridad y pluralismo inconmensurables que nos han hecho privilegiados y dichosos, esperamos no dejen nunca de guiarnos.

En el Palacio de las Flores
había flores de todos los colores,
quedaba en Basavilbaso,
hace mucho que no paso por ahí
Cerca del garage, cerca de la estación Retiro
y de la Calle Florida y de la Plaza San Martín
Qué florido es el Palacio de las Flores
que yo lo veía desde afuera,
porque por entonces yo era un pendejo
que vivía con mis viejos
Entonces la alegría no es una cosa nueva,
todo el tiempo por pasado fue peor
Mucho matute de gorra en la calle,
mucho “no, señor” “sí, señor”,
en casa no teníamos televisión
y no había escrito una canción
No me interesaba la pelota,
iba a San Telmo a comprar cosas viejas y rotas,
pero el papá de un compañerito
nos llevaba a ver a Independiente
Era la época de Pastoriza,
Santoro y el Chivo Pavoni,
y el viejo de mi amigo que vivía en Ciudad de La Paz
fue desaparecido y no lo volví a ver más
Ojalá que estén vivos y bien
en el país de síganme
“síganme, no los voy a defraudar”
adónde, donde se cagó un conde
adonde los capos los crucifican
primero míralo al número 10,
pero no basta con abrir los ojos
para darse cuenta de todo a la vez
Cuidado con las palabras que terminan con ina,
yo también quiero mucho a Argentina
aunque nadie me preguntó si en Argentina quería nacer,
donde el que no come se deja comer
La turrada que nunca termina
ina, guillotina, anfetamina y alquitrán
Cómo nos dan, cómo nos dan en Argentina,
nos dan Boquita y ritmo tropical
y base para la latita en el extrarradio y en Capital
Soy rockero, de potrero, ricotero, rioplatense
que se tense la cuerda del hambre
no alcanza ni para fiambre, a conformarse con los olores
Como en el Palacio de las Flores
donde se bailaba hasta reventar
De algo hay que vivir,
con algo hay que gozar
Como en el Palacio de las Flores
donde se bailaba hasta reventar

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