Carlino, el poeta que estuvo en las listas negras de tres dictaduras

FUENTE: INFOJUS – ARCHIVO, diciembre 2013

Tiene 85 años y una vida de película: fue periodista, actor, boxeador y trabajó en el área de prensa del tercer y último gobierno de Perón. Es un peronista de la primera hora: el 17 de octubre del ’45, con 13 años, estuvo en la Plaza. Eso le valió ser prohibido por los gobiernos militares de Aramburu, Onganía y Videla. Hoy es asesor del vicegobernador bonaerense, Gabriel Mariotto. La historia, la poesía de un militante.

En los espejos de la turbulencia /del memorable octubre 17 /los obreros iban escribiendo /las señales de la crispación. /Cambiaron signos y maleficios. /La mordaza ejercida desde el poder /se transformaba /por el ejercicio volitivo de una multitud /de un solo día.

Cuando Carlino dice Perón sonríe. Y sonríe cada cinco minutos. Todas las mañanas, viaja desde Avellaneda hasta el centro de La Plata para trabajar en un despacho del Senado bonaerense. Deja la puerta abierta para que todos los que pasan lo saluden. Hoy es el “abuelito peronista del Senado”, pero hace 70 años fue la “mascota del 17”. “Jauretche y Scalabrini Ortiz me llamaban así porque ese día, con 13 años, estuve en la Plaza de Mayo. Fue la experiencia de mi vida y la cultura militante me viene desde ahí. Perón iba a ser asesinado por el imperialismo en Martín García, fuimos a rescatarlo y lo logramos”, contó a Infojus Noticias.

A los 13, además, Carlino entró a trabajar como cadete en The Standard, un diario inglés editado en la Argentina. Allí aprendió las herramientas que desplegaría como asesor de prensa y difusión de Perón en 1973. “Los ingleses me decían que los llame ‘mister’ y se reían cuando les contestaba ‘yo hablo en mi idioma, señor’. Era rebelde, les decía que nos tenían que devolver las Malvinas. Me tenían cariño por irreverente”. Ahí trabajó hasta 1952, cuando comenzó su carrera dentro de la administración pública como redactor de Presidencia de la Nación, en la segunda presidencia del gobierno peronista.

“Trabajábamos intensamente porque gran parte de la prensa se preocupaba por los intereses internacionales. Los grandes diarios respondían a la United Press , una agencia internacional de noticias con sede en Estados Unidos. Más que agencia de prensa era una fábrica de noticias, donde inventaban lo que querían y lo difundían. También tenían el control del papel en el país y si los diarios no publicaban lo que querían, no les daban papel. Parecido a Papel Prensa”, cuenta Carlino.

La “conciencia social”, dijo, no vino del periodismo, si no del boxeo. “Con las competencias recorrí el país y conocí las miserias que había en las provincias antes del peronismo, cuando la Argentina parecía una colonia Inglesa”, relató. En el interior del país, Carlino aprovechaba para tener reuniones con las organizaciones barriales y vio de cerca las desigualdades. También se apasionó con José María el “Mono” Gatica, gloria del boxeo en ese entonces. Años después, cuando murió, le dedicó un libro: “Chau Gatica”:

Cuando todo ya era un tango lento y fatal /Una retorcida memoria que nos hacía daño en el suburbio /Porque era honda la nube que estallaba en el corazón, /Aun más adentro
Cinchando porque sí, porque ¡Dale Mono y tantas cosas! /Lo que no te perdonan son tus pies descalzos /Remontados como un grito.

La tarde del 16 de junio de 1955, Carlino dejó de ser católico. “Miré al cielo y vi la parte de abajo de los aviones que tiraban las bombas en Plaza de Mayo, con las cruces de ‘Cristo Vence’. Entonces repensé la religión. Porque los jerarcas de ese momento eran cómplices. De todas formas mi relación con los curas del Tercer Mundo siempre fue buena y de ahí lo conocí a Bergoglio”. Por eso, cuando Mariotto visitó al papa, le dio un libro de Carlino autografiado y Francisco le pidió que le mande especiales saludos, ya que lo recordaba de la época militante.

El primer exilio de Carlino vino ese año, cuando en septiembre la llamada “Revolución Libertadora” –o Fusiladora, como le pondrían los peronistas- derrocó al gobierno constitucional de Perón. “Me echaron del trabajo por peronista y fui a Montevideo con Jauretche, que era muy amigo de mi padre y fue como un padrino de la militancia para mí. Durante esos ocho meses de día vendía libros y de noche nos juntábamos a charlar de política en los bares. Yo nunca pagaba, porque eso corría por cuenta de los mayores”.

Éramos una bella sinfonía /del canto y las consignas /contribuíamos a la festividad. /Los afectos vocacionales /se rescataban compartiéndolos/ sin conocernos. /Nos queríamos /adentro del grito.

A los 22 años, terminó la carrera de periodismo y dejó el boxeo por su nueva pasión: el teatro. “Cuando volví del primer exilio entré al ‘Nuevo Teatro’, que fue la organización independiente más importante de su momento. Estudiábamos danza contemporánea y técnicas, éramos muy profesionales en lo que hacíamos”, contó.

No solo eran un grupo de teatro, eran un conjunto de artistas que militaban para poder actuar en una época donde el arte no comercial estaba desvalorado. Junto con Alejandra Boero, Héctor Alterio, Norberto Chelli, Isidro Fernán Valdéz y Haidée Padilla, entre otros, Carlino fundó el Teatro de los Independientes. “No coincidíamos ideológicamente, porque la mayoría era del PC y la izquierda. Pero nos unía la actuación y la danza. Y nos organizamos tanto que fundamos nuestro propio teatro en el microcentro, que ahora se llama Payró”, recuerda Carlino.

El militante /cuando se esfuma /saqueado en sus latidos /se lleva lo soñado /se va diluyendo /para hacerse ave.

Perón le tenía tanto cariño a Carlino que encargó que le hicieran un retrato desde su exilio en Madrid. Solo pidió que lo retrataran a él y a otros cuatro: Hugo del Carril, Rosita Quiroga, Delfor Cabrera y Froilán González. Estos retratos, que estaban en su casa de Puerta de Hierro, están hoy en el Museo de Perón -la casa donde nació- de la localidad de Lobos.

En 1973, con Perón de vuelta en Argentina, fue nombrado coordinador de Prensa y Difusión. “En ese momento la Argentina era diferente a la de los primeros mandatos, pero estuve al lado de Perón hasta el final. Perón estatizo empresa por empresa, y eso fue tan importante como haber ganado la Segunda Guerra Mundial”.

Apenas los militares tomaron el poder, en marzo de 1976, a Carlino lo echaron y lo empezaron a perseguir. Lo fueron a buscar veinte veces a su casa, lo dejaron prácticamente en la calle y volvió a su viejo oficio de vendedor de libros. La alegría de la cara se le va un momento cuando recuerda esta época donde, como siempre, siguió escribiendo.

Capuchas ensangrentadas /que ya nadie lava. /Ahora que las miradas /se entrecruzan /hay una vieja severidad /de la sangre /que nadie olvida. /El Canto es la adherencia /que expresa la vida.

El día que Gisella, su secretaria, se enteró que Carlino figuraba en la lista negra de artistas que encontraron hace un mes en el subsuelo del edificio Cóndor, no sabía cómo decírselo y se largó a llorar: “Sabíamos que Alfredo fue perseguido y que los militares no lo querían, pero verlo en esa lista fue horrible. Ese día nos amargamos mucho”.
Arte y militancia son palabras que para Carlino van unidas. Los libros que tiene publicados a lo largo de sus 81 años lo demuestran: “Poemas. 50 años con la poesía”, “Bailarín canyengue”, “Evita: del 17 de octubre a la caída”, “Perón, siempre de Juan”, “Buenos Aires tiempo Gobby”, “Ciudad del Tango”, “Chau Gatica”. También escribió un libro sobre Felipe Vallese, el primer desaparecido. “Como no se podía nombrarlo, el gobierno de Agustín Lanusse me secuestró la edición y la quemó toda. Estoy en campaña para conseguir los originales y hacer una reedición”.

La poesía para Carlino es un mecanismo de defensa, por eso cada vez que siente que una situación lo angustia, antes de derrumbarse escribe. El día que murió Néstor Kirchner, Carlino lloró y se angustió. Pero también escribió, pasó cinco horas en la Casa Rosada frente al féretro y antes de irse a la plaza con la gente leyó el poema “El adiós”.

Lleno de adioses desprivatizados en la serenidad patrimonial de sus hogares./Nos golpea fuertemente tu inesperada muerte, nubladora de la mañana entrando como un pañal de sombras./Te vas, Néstor/ quedándote en la raíz de nuestro canto. Seguiremos tus fuegos que son los nuestros.

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