Crítica del libro “El asesinato del Capitán Laurent” para Página 12

El último libro de Pedro Peretti El Asesinato del Capitán Laurent -Ediciones CICCUS-, merece nuestro elogio por cuanto resulta revelador de la dura lucha por la conquista de la Democracia en nuestra Provincia y fundamentalmente en los Departamentos del Sur que la componen.

Es elogiable que Peretti haya volcado en un texto toda su experiencia de extraordinario conversador de temas políticos, históricos, trascendentes. No es Pedro un “hablador de vicio”; siempre que uno lo encuentra, donde sea que esté, el diálogo transcurre lejos de la banalidad. A esa virtud, ha incorporado una férrea disciplina de estudio, búsqueda de archivos, periódicos, etc , que hacen a la obra en cuestión totalmente fundada, lo que le da a sus afirmaciones una verosimilitud cierta -circunstancia nada desdeñable en la literatura política argentina contemporánea.

Digo revelador, porque parece mentira que hechos históricos tan cercanos -no llegan a los cien años- de una violencia organizada, cruel y pertinaz, hayan transcurrido ignorados para muchísimos ciudadanos de nuestra región e inclusive de personas con indudable vocación política. En mi caso particular (curioso al extremo de todos los avatares políticos), la pelea de fondo en el Radicalismo de los años 20 -entre el personalismo irigoyenista y el alvearismo-, siempre la había entendido como una discusión cuasi académica, en términos de ideas y conceptos. Es más, nunca fui un acérrimo crítico de la Presidencia de Alvear y hasta reconocía como una virtud el haber facilitado el regreso de Irigoyen a la Presidencia. Viví años equivocado. Como muy bien ilustra Pedro, este retorno del Caudillo taciturno fue consecuencia de una lucha diaria, violenta, muy violenta a veces, habiendo costado un gran esfuerzo y centenares de vidas en todo el país y muchas en el sur santafecino. Peretti lo patentiza de una manera impecable.

Su investigación del asesinato del corajudo Oficial del Ejército Argentino y militante irigoyenista es realmente excelente en todo sentido. No sólo el rigor investigativo ya señalado, sino que el relato tiene rasgos de los periodistas- escritores (que según Tomas Eloy Martínez es una exclusividad Argentina) como Rodolfo Walsh, Osvaldo Bayer y Miguel Bonasso. La fuerza del mismo no decae, roza a veces el género del policial negro y las conclusiones que el autor va sacando sobre la mecánica de los crímenes ocurridos (sirva aclarar que son todos en Máximo Paz y recolectadas en horas de diálogos e investigación), tienen el aire de Pagura; al leer su interpretación del asesinato de Cruz Cardozo, parece uno meterse en el personaje del investigador Mario Conde. El autor introducido visceralmente en el tiempo y el espacio, demuestra un conocimiento impresionante de lo acontecido -¡hasta catastral de la localidad!-, que le permiten llegar a conclusiones lógicas e incontrastables.

El texto dispone los hechos de manera que el lector resulta conmovido; pero especialmente la historia del libro de entradas de la comisaría y el de la placa de homenaje al fusilado Capitán, son extraordinarias.

Luego, y con todo respeto, me parece que a Pedro lo traiciona el inconsciente y entra en una serie de razonamientos políticos, recuerdos y menciones que a mi entender lo emparentan más con las pesadas lecturas domingueras de Verbisky. A esa altura del texto el relato decae y se recupera en el capítulo sobre el asesinato de Valerio Gallardo. Cuesta entender cómo este capítulo no siguió a los primeros -que son de pura muerte tras muerte-, cerrando la zaga y deja sin aclarar cuál fue el final político de esos tremendos verdugos de nuestros antecesores, los asesinos Cepeda y Rodeiro.

Es muy buena la posición de Peretti sobre la contradicción principal que existe en nuestro país, desde prácticamente la colonia española, entre el modelo agro-exportador y el productivo, nacional y popular. Conociendo al autor, era posible esperar que sostuviera con tozudez su pertenencia, omitiendo las autocríticas. Nuevamente en desacuerdo con él, considero que para que un Movimiento Popular no retroceda, cuando tiene la ventura de estar doce años en el Poder, no deben primar los caprichos, la codicia y la frivolidad. No se puede perder una elección, lograr semejante retroceso, por semejantes imbecilidades.

No puedo terminar este comentario sin hacer mención al prólogo de la página quince. El insert post mortem de Nito Boccoli es impecable y nos lo recuerda a quienes tuvimos la dicha de tratarlo tantos años de una hermosa y emocionante manera.

Irredento Pedro!!!

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