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Pronunciamiento del capítulo argentino de la REDH sobre las iniciativas del gobierno de Javier Milei en materia de política exterior

El capítulo argentino de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad manifiesta su repudio ante ciertos gestos y acciones del gobierno de Javier Milei

Desde la asunción del presidente Javier Milei observamos una serie de preocupantes gestos e iniciativas en el ámbito de las relaciones internacionales, las que serán motivo de análisis en esta breve declaración. Pero antes de explicitar nuestra postura sobre las mismas no podemos dejar de mencionar el más enérgico rechazo al feroz ajuste económico propuesto por el actual gobierno, que tendrá como consecuencia una fenomenal transferencia de ingresos desde las capas y sectores populares hacia las clases dominantes y la reconstrucción, en clave regresiva y desigual, de la sociedad argentina, proceso éste que requerirá, como ya lo ha expresado su ministra de Seguridad, la implementación de una brutal política represiva.  

Habiendo dejada sentada nuestra postura en el ámbito de la política doméstica pasemos al análisis de las iniciativas en materia de política exterior. En primer lugar hay que resaltar el escaso número y gravitación internacional de los mandatarios extranjeros que asistieron a la ceremonia del traspaso de gobierno el 10 de diciembre. Sólo cuatro países de la región: Uruguay, Paraguay, Ecuador y Chile enviaron a sus jefes de estado. Vino el rey Felipe VI, que no gobierna el reino de España, y llegaron también el Primer Ministro de Hungría, y los presidentes de Armenia y de Ucrania, Volodimir Zelenski. Es decir, ninguna figura relevante en la política internacional excepto, por las peores razones, la del mandatario ucraniano. En su lugar hubo visitantes reclutados de la ultraderecha internacional, como Jair Bolsonaro y su hijo Eduardo -un irresponsable desaire para con el actual presidente brasileño- y el líder de Vox, Santiago Abascal. Estados Unidos envió a una figura de muy segundo orden, al igual que los países europeos. Las ausencias latinoamericanas fueron muy significativas: Luiz Inacio “Lula” da Silva, presidente del principal socio comercial de la Argentina; Andrés Manuel López Obrador; Gustavo Petro; Xiomara Castro, quien será la presidenta pro-témpore de la CELAC a partir del 1º de enero del próximo año, Miguel Díaz-Canel, Nicolás Maduro, Daniel Ortega y el presidente electo de Guatemala, Bernardo Arévalo son otros tantos nombres que brillaron por su ausencia. Para colmo, la insólita presencia del presidente ucraniano en Buenos Aires se tornó aún más repudiable cuando el nuevo gobierno     -cuyo leit motiv es decir “no hay plata” ante cualquier requerimiento vinculado a la inversión social- decidió donarle dos helicópteros de fabricación rusa, los Mi-171E, que estaban afectados a misiones de transporte entre las bases argentinas instaladas en la Antártida. 

En segundo lugar para decir que el martes 11 de diciembre, la delegación argentina se abstuvo en la votación de una propuesta de resolución de la Asamblea General de la ONU exigiendo nada menos que el alto el fuego inmediato en Gaza, la apertura de corredores de ayuda humanitaria y el inicio de conversaciones para poner fin al conflicto. La resolución fue aprobada por 153 de los 193 miembros de la ONU, contra 10 que votaron en contra: Estados Unidos, Israel más ocho países entre los cuales dos son de nuestra región: Guatemala y Paraguay, y 23 abstenciones, entre ellas la de Argentina. Esta votación aleja a nuestro país de su tradición de promover la solución pacífica de las controversias y la protección del derecho internacional humanitario. Este país siempre votó por la paz y el alto al fuego, donde sea que fuere. No a partir de ese fatídico martes.  

En tercer lugar, estos gestos e iniciativas concretas comienzan a ratificar el desastrado rumbo que el presidente Javier Milei y su canciller Diana Mondino delinearon durante la campaña: alineamiento incondicional con Estados Unidos y con el régimen genocida de Israel; fomento a los tratados de libre comercio con todas sus nefastas asimetrías; impulso al acuerdo Mercosur-Unión Europea, flexibilización del Mercosur y un enfoque para el caso Malvinas que retrotrae nuestro país a las políticas de relaciones carnales de los años 90 y al gobierno de Cambiemos. Dicha posición implica reducir a su mínima expresión el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, sin cuestionar la presencia británica en el Atlántico Sur y la existencia de una base militar de la OTAN en nuestro mar continental. El gobierno anunció, además, que abandonaría todo el trabajo realizado para ingresar al grupo BRICS el 1º de enero de 2024, lo que pone en evidencia una errónea lectura de los cambios que han irreversiblemente modificado las coordenadas de la geopolítica y la geoconomía internacional. Esta desacertada decisión cierra las vías para la incorporación de nuestro país a lo que los expertos en el tema definen como la nueva y más impetuosa reconfiguración del poder mundial y en la cual se inscriben tres de los más importantes socios comerciales de la Argentina.  En otras palabras, estamos en presencia de una política exterior basada en anacronismos ideológicos y no en el interés nacional, muy alejada de la necesidad de integración, unidad y complementariedad regional que los países de Nuestra América necesitan para construir proyectos soberanos y mejorar la vida de sus pueblos.

En virtud de estos antecedentes el capítulo argentino de la Red en Defensa de la Humanidad denuncia este tipo de gestos e iniciativas que erosionan la trayectoria argentina como país emblemático en la defensa de los Derechos Humanos y la resolución pacífica de las controversias en la arena internacional.   

Buenos Aires, 17 de diciembre de 2023

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