Fuente: El Blog de Guillermo Schavelzon

La principal cadena del Reino Unido (480 Sucursales), con 250 años de libreros, acaba de venderse a un fondo de inversión por un precio absurdo. Los propietarios abandonan el negocio del libro después de 250 años, para centrarse en el del turismo.

La venta minorista de libros se hace muy difícil porque en Reino Unido no existe el precio fijo obligatorio para el libro, lo que permite que el vendedor lo ofrezca al precio que quiera. De esta manera solo el más grande puede sobrevivir, en este caso ha la gran tienda online. Desde que el gobierno de Margaret Thatcher en los años 80, en nombre de “la libertad”, eliminó el precio fijo que rige en casi todo el mundo, cerraron más de mil librerías independientes, varias de ellas centenarias. Esta gran cadena resistió a fuerza de vender solamente best sellers, y ya no pudo más.

El país que fuera uno de los líderes mundiales en edición, librerías, bibliotecas y número de lectores, va llevando al desastre la venta de libros, lo que produce efecto en la calidad y en la variedad de lo que se publica, ya que hay que priorizar cada vez más los libros muy comerciales.

Como suele suceder con los grandes negocios cuando están en crisis, un fondo de inversión compró las 480 librerías por 98 millones de dólares, unos 200 mil dólares por sucursal, menos que el coste de las instalaciones.

A los grupos de inversión no les interesa la permanencia en el negocio que adquieren y que no conocen (como el fondo que en Estados Unidos compró la tradicional editorial Simon & Schuster), porque su objetivo no es desarrollar y explotar la actividad, sino encontrar alguna forma de revalorizar y vender en no más de dos años. La mayor ganancia posible, en el menor tiempo.

¡Qué paradoja! Una gran cadena que se toma años para hundir a la competencia, y cuando lo logra, se hunde ella misma.