Fuente: Luciano Couso para Conclusión
“Lo del bombardeo (de junio de 1955), por su magnitud y por su objetivo de matar a Perón, era claramente un antecedente del terrorismo de Estado que iba a pasar después, a pesar de ser un hecho sedicioso, si se quiere, subversivo”, dice el periodista e investigador Juan José Salinas, co-autor junto a Rafael Cullen (fallecido durante la pandemia) del libro recientemente publicado “El golpe que duró más de tres meses”, que indaga sobre el período que va de los bombardeos a Plaza de Mayo el 16 de junio de aquél año, hasta el golpe del 16 de septiembre cuando el presidente Juan Domingo Perón se asila en una cañonera paraguaya, punto de partida de un exilio que se extendió por casi 18 años. Es decir, busca el origen de la violencia política que adoptó la forma de terrorismo de Estado 20 años más tarde.
Salinas presentó el libro esta semana en la biblioteca central de la Facultad de Humanidades y Artes, donde recibió a Conclusión. La bajada del título dice: “El fin del mito de la caída incruenta de Perón”. La investigación se inició como parte de la labora de un grupo de trabajo del Archivo Nacional de la Memoria que parió una primera parte también convertida en libro y titulado “El Bombardeo”.
Entre otros aspectos que aborda, el trabajo documental procura, como adelante la bajada del título, poner al fin al mito de la caída incruenta del general Perón. La minuciosa tarea de los investigadores consiguió determinar, sin pretensión de clausurar el asunto, que en esos tres mes murieron como consecuencia de las tensiones político-militares 149 personas.
“Los muertos son variados, no todos son peronistas. Es una época en la cual hay mucha confusión”, contó Salinas a este diario digital. “Por ejemplo, hay gente que llamaba rebeldes a los sediciosos que se levantaban, y leales a los que estaban con la Constitución del 49, y al revés. O sea que hay que decodificar los testimonios de cómo se habla, a qué se refieren los testigos, muchos de los cuales son antiperonistas”.
Manuel Enrique Abella era un canillita de Rosario 37 años. Murió “en la represión militar a manifestaciones contra el golpe de Estado”, dice el apéndice sobre los fallecidos entre junio y septiembre. Por la misma razón murió en la ciudad la adolescente Azucena Cope, de 15 años. En Reconquista, al norte de Santa Fe, la víctima recabada por la investigación fue un teniente de las Fuerza Aérea llamado Oscar Galeotti.
–¿Cómo fue que llegaste a abordar este tema histórico? ¿Qué fue lo que te motivó a ponerte a trabajar en él?
–En el año 2008, por iniciativa de Eduardo Luis Duvalde, que era secretario de Derechos Humanos de la Nación, y Ramón Torres Molina, que era el presidente del Archivo Nacional de la Memoria, el grupo de investigación histórica del Archivo Nacional de la Memoria, que yo integraba, se abocó a hacer una investigación sobre el bombardeo de Plaza de Mayo y alrededores, porque hubo otros lugares. Esa investigación también se hizo acá en Rosario, con Sergio “Toto” Monserrat, para ver las reverberaciones que había tenido este episodio fundante del terrorismo de Estado en la Argentina. Había antecedentes remotos y antecedentes no tan remotos, como una bomba que estalló en el subte de Plaza de Mayo, durante una concentración de la CGT , mientras estaba hablando el presidente Perón.
Dinamita antiperonista
Ese episodio ocurrió el viernes 15 de abril de 1953, según documento el libro. “En momentos en que hablaba Perón estallaron dos bombas; una de ellas, compuesta por 30 cartuchos de dinamita, en la confitería del entonces hotel Mayo, en Hipólito Yrigoyen y Defensa. Otra, de 100 cartuchos de dinamita, colocada en el andén de la línea A del subterráneo, provocó seis muertos, 93 heridos y 19 lisiados permanentes”.
Agrega en su página 43 que “los terroristas también habían colocado un tercer artefacto de 50 cartuchos de dinamita en el octavo piso del Nuevo Banco Italiano, pero no explotó”. Los responsables de colocar explosivos para asesinar población civil lo hacían en nombre de “la libertad”. De hecho, la dictadura que siguió al segundo gobierno constitucional de Perón se autodenominó “Revolución Libertadora”.
Uno de los detenidos por el atentado fue “el militante radical Roque Carranza (quien años más tarde fue ministro de Defensa del presidente Raúl Alfonsín)”. También “fueron investigados por su relación con los autores Crisólogo Larralde, los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse y Mariano Grondona”, el “gran” periodista republicano te la TV en las décadas de los 80 y 90.
En esa investigación, contó Salinas, “nosotros descubrimos que había muchas cifras que se tiraban de muertos en Plaza de Mayo y descubrimos que eran un poco más de 300, porque algún error siempre hay. Se decían cifras disparatadas. Esas cifras disparatadas se siguieron diciendo. Y ahora, hace poco, acaba de publicar ese libro Coligüe con el nombre ‘El Bombardeo’. El libro que acabamos de publicar, que vamos a presentar hoy (por el miércoles), es en muchos sentidos una continuidad de aquél libro, la segunda parte”.
De los bombardeos al golpe
Para el co-autor, el nuevo texto “es lo que pasó desde el bombardeo hasta la caída de Perón, de junio a septiembre, por eso llaman tres meses y un poquito. Hasta que Perón se asiló en la cañonera paraguaya. Cuando terminamos el del bombardeo, algunos compañeros, entre los cuales estuve yo, también Carlos ‘Gogo’ Morete, por ejemplo, pretendimos que se siguiera cronológicamente. Pero los compañeros mayoritariamente eligieron hacer el plan Conintes, con el cual la Frondizi reprimió al peronismo y al comunismo, de una manera que íbamos a poder descubrir fue un antecedente de lo que pasó durante la dictadura , porque el país se dividió en áreas, en zonas, de la misma manera que se iba a dividir luego”.
El Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) fue un programa represivo secreto que se aplicó en el país durante la presidente del radical Arturo Frondizi, desde 1958 hasta 1961, que tenía por objetivo “poner fin” a las protestas obreras y de la denominada Resistencia Peronista, nacida al calor de las luchas populares tras el golpe a Perón.
“El Archivo Nacional de la Memoria inició la investigación de lo que había pasado en estos tres meses, hasta el derrocamiento de Perón, pero se frenó por distintos motivos. Uno fue que ganó (las elecciones de 2015 Mauricio) Macri, por ejemplo, y después que durante (Alberto) Fernández, por equis motivo, no se retomó con las fuerzas necesarias”, recordó Salinas.
Sin embargo Rafael Cullen, un militante del peronismo de base cuya hermana Lucía estuvo vinculada en los 70 al cura tercermundista de la Villa 31 de Retiro, el padre Carlos Mugica, y fue pareja de “un héroe de la guerrilla argentina, José Luis Neil, que quedó cuadripléjico en los tiroteos de Ezeiza cuando vino Perón”, continuó el autor, “había empezado a escribir con el material. Al jubilarse, se llevó el material y él empezó a hacer ese trabajo”.
Cullen murió durante la pandemia. Salinas contactó a su viuda y se enteró de que buena parte del trabajo que ahora puede leerse en El Golpe que duró más de tres meses ya estaba escrito. “Decidimos terminar este trabajo, incorporándole cosas como, por ejemplo, textos de Rodolfo Walsh, que al principio del bombardeo era absolutamente gorila, y que terminó siendo un militante de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), a partir de la conversión de haber hecho la investigación que culminó en la Operación Masacre”, puntualizó Salinas.
En el libro “hay un capítulo que tiene que ver con Rosario, que es muy interesante. El libro va a poner en caja lo que pasó, que no fue una caída incruenta, quiénes vacilaron, o sea que el peronismo estaba en condiciones de ganar militarmente la partida y no lo hizo por la defección de algunos jefes militares”, añadió.
Salinas recordó que “Perón mismo denuncia a algunos, y es muy interesante para ver la actuación de Perón. La actuación de Perón cambia muchas veces de posición. Perón, después del bombardeo, trata de minimizar en la medida de lo posible lo que ocurrió, porque quería llegar a un acuerdo con la oposición, de tal manera de poder seguir gobernando y seguir haciendo las cosas que estaba haciendo”.
La guerra civil
–Perón finalmente no ofrece resistencia al golpe. ¿Tenés alguna hipótesis de por qué?
–Bueno, esta historia siempre quedó, este mito de por qué no dio las armas y salimos, por qué no promovió en definitiva la guerra civil, o si las fuerzas militares aliadas respondían. Perón es contradictorio en esto, porque años después va a decir que hizo mal en no fusilar a todos los levantiscos, y que él pensaba que se ahorraba sangre, y en realidad no se ahorró nada porque la pusieron sus partidarios. Perón primero pensaba que iba a haber un levantamiento y que iba a volver rápido. Se va pensando que iba a haber un nuevo 17 de octubre. Y le dice a su edecán, cuando sube la cañonera paraguaya, “espérenme que ya vuelvo”. O sea, que pronto va a volver. Nunca pensó que iba a tardar 17 años, casi 18 en poder regresar.
Además, para Salinas es significativo que Perón “era un historiador de Perón, y tenía muy presente lo que había pasado en la guerra civil de España, y tenía pánico a que si había una guerra, hubiera matanzas en cada pueblo y en cada ciudad, que la gente se empezara a despanzurrar una a otra. O sea que tuvo las dos contradicciones”.
Agregó que “estaba muy indignado con los generales, porque él cuando hace su, entre comillas, renuncia, en realidad le da el poder al Ejército, pensando que el Ejército era mayoritariamente leal y que lo iba a reponer rápidamente de su cargo. Lo cual no ocurre”.
“Tan enojado estaba Perón, que cuando se produce el levantamiento de junio de 56, y son fusilados una treintena de patriotas, encabezados por el general Juan José Valle, él no lo reivindica en ese momento, porque estaba enojado con todos los militares, con Tanco, con Valle, con Cogorno, estaba enojado con todo. Y tarda dos años en reivindicarlo plenamente en un disco que manda a un acto que se hace en la periferia de Lanús. Y con un disco ahí lo reivindica plenamente. Pero es como que lo tiene que deglutir”, cerró el periodista e investigador.



