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Acerca de los derechos y los «torcidos»

Jorge Rachid

Por Jorge Rachid

En la historia los derechos fueron una preocupación de todos los gobernantes. Es que ordenar socialmente las comunidades requería principios mínimos de convivencia y calidad de vida, que en cada época se resolvieron de acuerdo a sus circunstancias epocales. Las religiones monoteístas siguieron el mismo objetivo, establecer códigos de conducta y valores que le dieron un marco de solidaridad a los pueblos.

Desde épocas remotas la Seguridad Social se estableció como conducta colectiva para preservar el núcleo social de las comunidades, llevando sobre sus espaldas, primero, las tribus, y luego, las diferentes formas de organización social y política, la responsabilidad de las respuestas necesarias a las necesidades emergentes en cada ciclo histórico.

Quizás algunos no sepan, aunque sospecho que otros quieren ocultarlo, que antes de nuestra vida biológica hubo otras vidas, otras civilizaciones, otros ordenamientos sociales, pero en todos los casos intentaron, con diferente éxito, dar respuestas sociales en sus diferentes espacios de tiempo, como lo demuestran la multiplicidad de Códigos que a lo largo de la historia jalonaron las comunidades, tal cual las conocemos hoy. Los mismos son Código de Ur-Nammu, rey de Ur (ca. siglo XXI a. C.), las Leyes de Ešnunna (ca. siglo XX a. C.) y el Código de Lipit-Ishtar de Isin (ca. siglo XIX a. C.). El más conocido es el Código de Hammurabi, frecuentemente citado por los textos jurídicos actuales como antecedente histórico.

Cómo serían esas sociedades, como las del Código Ur, de 2100 años antes de Cristo, es un desafío a la imaginación, pero en sus textos (dicen los que saben y estudian estos antecedentes) figuran no sólo las penas, como la ley de Talión del Hammurabi, sino también la presunción de inocencia en el juzgamiento, la respuesta a la necesidad de la emergencia ante catástrofes, guerras y contingencias de esos tiempos remotos.

Por lo cual, los Derechos no son un invento de la Modernidad, ni patrimonio de un sector social determinado, son parte esencial de la vida de los pueblos, ya que de los mismos depende la situación y la calidad de vida de la Comunidad. La Humanidad mantuvo su vigencia a lo largo del tiempo por preservar esa solidaridad social activa, necesaria en el transcurso de los tiempos para que la idea Pueblo sea plasmada en una concepción social y cultural, que trasciende y permite consolidarse como conjunto en la historia.

Los derechos hacen a la dignidad de los seres humanos, a diferencia de las dádivas tutelares, que aún en emergencias, constituye una situación lamentable a superar, dado que un estado de justicia social debe consolidar los derechos y eliminar la beneficencia. Es que la pobreza no debe ser estructuralmente pétrea, porque de ser así, consolida una situación de marginalidad, exclusión y humillación social, en donde la concentración de la riqueza se fortalece, en esa especie de lucha de clases, donde los ricos son vencedores y ejercen su supremacía sobre las mayorías populares.

Quienes deniegan, eliminan y combaten los derechos son aquellos sectores cuya expresión es claramente racista, discriminatoria, forman parte de las élites de poder concentrado, de acumulación de las riquezas, que en forma constante usan la exclusión social como forma de eliminar derechos laborales y sociales, ante el colchón de desesperanza y humillación que provocan en millones de personas, a los cuales les arrebatan el futuro propio y el de sus hijos, quebrando proyectos de vida, acorralando y subordinando a los pueblos, bajo el temor al desamparo, acompañado de represión a la protesta. Son los sectores colonizadores, forman parte del ejército de opresores que derriban los muros de los derechos adquiridos en función de sus intereses de lucro y de control político, eso son “los torcidos”, los dueños del poder real.

Los derechos conculcados van de la mano de la eliminación y la memoria de los pueblos, lo cual hace que a lo largo del tiempo, las nuevas generaciones van naturalizando esa situación, como el esclavo que nace esclavo y no se plantea jamás la libertad, porque la desconoce, le han borrado su propia historia familiar y social de emancipación social. Las luchas se hacen enarbolando utopías, que deben ser banderas de futuro de liberación nacional, porque si no, el reclamo siempre va detrás del hecho consumado del opresor sobre el oprimido.

Peor aun cuando esa situación se consolida desde lo institucional, desde un estado colonizado, que en su funcionamiento está al servicio de las minorías dominantes, en detrimento de las mayorías populares. Es cuando ese estado dependiente va consolidando las injusticias sociales, eliminando derechos adquiridos por largas historias de lucha, que son negadas por los nuevos actores del poder. Eso sucedió en nuestro país a partir de una estrategia llamada Revolución de los Colores, diseñada y desplegada por los guiones escritos en el Departamento de Estado de los EEUU, para consolidar la entronización de personajes sin historia, o peor aún con historias delictivas, suficientemente ocultadas al común de los compatriotas, como surgen hoy nuevos protagonistas, todo ejecutado cuidadosamente por los centros de poder internacional.

Lejos de ser una visión conspirativa de la historia, todo está escrito y descripto en numerosas publicaciones, que al no ser de circulación masiva, ni ser reproducidas por los medios hegemónicos y dominantes, que dejaron de comunicar para transformarse en rampas misilísticas diarias que van conformando sentido simbólico en el conjunto de la población. Esa situación prolongada da como resultado una conciencia cultural masiva, acorde a las necesidades del colonialismo económico e institucional.

En sus despliegue teórico, la guerra híbrida comprende una escalada progresiva de pérdida de derechos, de críticas al gobierno, de fomento al caos, de sembrar el odio contra las dirigencias que no acatan el alineamiento automático, al diseño estratégico para Latinoamérica que el mundo unipolar pretende imponer y lo ha realizado en épocas pretéritas, avasallando las soberanías nacionales, para lo cual es necesario disciplinar a los pueblos para que acepten una situación de opresión. Por esa razón, le es necesario al colonialismo eliminar derechos, acción que hace retroceder la historia a épocas ya superadas, de colonialismo explícito.

Debemos saber que Justicia y Política sin Derechos, no es ni Justicia ni Política, son sólo una expresión del poder omnímodo, de un estado colonial que transforma al mismo en opresor de su propio pueblo, que arrasa la dignidad de vida, hecho intangible en la macro economía, pero doloroso desde el punto de vista social, porque desarticula la comunidad y arrasa la Seguridad Social, convirtiendo en lucro la gestión del Estado, abandonando a las mayorías populares y condenándolas a la exclusión, hecho funcional a sus intereses corporativos, empresariales y colonizadores.

La lucha de los Pueblos, desde la Comunidad Organizada, es una lucha anticolonial, que incluye todos los aspectos de lo social, desde lo institucional a lo laboral, desde lo tributario a lo soberano, desde la dignidad a la calidad de vida, es, en definitiva, una lucha por la Liberación Nacional y Social de los Pueblos, razón fundamental de la necesidad de cohesión de la Patria Grande Latinoamericana, en los intentos imperiales de ser sometida al coloniaje.

JORGE RACHID
PRIMERO LA PATRIA
www.lapatriaestaprimero.org

CABA, 8 de junio de 2022

BIBLIOTECA
Constitución de 1949
• Gloria Mas/Ana Elena García: Represión Frustración Desencanto Corrupción. Ed. Gr.ESS
• Jorge Cholvis: Constitución Endeudamiento y Políticas Soberanas. Ed. Vuelta a Casa

2 comentarios en “Acerca de los derechos y los «torcidos»

  1. en que libreria de san juan lo puedo conseguir?

    1. Estimada Rosa: En Cúspide, Yenny y las librerías locales. Consulte con su librer@amig@.

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