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Tuvo un ACV en medio de una travesía, escribió un libro y hoy recorre el país para concientizar

Por Zulema Usach para MDZ (15/11/2022/)

Sofía Bauzá (39) sufrió el accidente mientras intentaba desafiar las alturas del Aconcagua en enero de 2017. Cuenta que incluso en los momentos más complejos, siempre supo que podría salir adelante. En las charlas que comparte destaca la importancia de no dejarse vencer. Aquí, su historia.

«La vida es tan simple que insistimos en hacerla complicada». La frase quedó grabada en su memoria y corazón, para ser luego la síntesis de todo aquello que ha buscado sembrar en otras personas. Fue en una de las tantas sesiones de fonoaudiología, mientras intentaba, poco a poco, ejercitar y recuperar el habla, cuando Sofía Bauzá (39) comprendió que su misión consiste en demostrar que siempre hay nuevas oportunidades y que está en uno mismo aceptar los desafíos y superarse o bien, quedarse en el sufrimiento de no haber siquiera intentado vivir desde otra perspectiva. El 8 de enero de 2017, es un día que nunca olvidará.

No solo porque un Accidente Cerebro Vascular (ACV) de tipo isquémico puso en riesgo su vida al punto de paralizar su cuerpo e impedirle el habla, sino porque a partir de ese momento encontró mucho más amor del que imaginaba. Descubrió que cada minuto de este presente es una oportunidad para disfrutar, para superarse y desafiar las barreras propias y ajenas. Para salir adelante, ir tras los sueños y cumplirlos.

Los ejemplos de esa entereza que supo administrar a su favor para entregar lo mejor de sí a otras personas, le sobran a Sofía. Escribir el libro «Después del ACV…¿qué?», es uno de ellos. «Los pacientes que sufrimos un ACV pasamos por muchos momentos de incertidumbre y es muy difícil poder activar la fuerza interior. Pero es algo que se puede hacer, respetando los propios tiempos y entendiendo que es un proceso. Comprendiendo que si bien podemos tener limitaciones, poco a poco las barreras se pueden superar para mejorar la salud en todos los sentidos», reflexiona Sofía a poco de haber regresado a Pinamar (donde vive actualmente) desde Mendoza, en el marco de las charlas que comparte a nivel Nacional con la idea transmitir su mensaje de esperanza y al mismo tiempo, de concientización.

El día que marcó una nueva vida

Llevar una vida con salud ha sido una consigna que Sofía nunca dejó de aplicar. Es que si hay algo que hay una palabra que caracteriza a su manera de ser, esa es «disciplina». Esa que la acompañó como deportista, en las maratones extremas de las que participaba. La misma que la ayudó a siempre ir en busca de más conocimientos para nutrir su intelecto y estar siempre actualizada.  Es que además de amar el estudio y el deporte, como buena libriana siempre ha buscado maneras de fortalecer su espíritu desde el equilibrio, la creatividad y el respeto por el prójimo. Justamente, todas esas cualidades son las que le jugaron a favor a la hora de jugarse todo en el momento más complejo de su vida.

A 3.557 metros de altura, en la zona de Las Cuevas, en un camino para ir a desafiar las alturas del Aconcagua, su cuerpo empezó a darle las primeras señales de alerta. Primero sintió un fuerte dolor de cabeza, un mareo y una repentina descompostura que le impedía mover la lengua para hablar. «Sentía que lo quería decir no me salía, tenía mucha confusión», recuerda ahora, cuando después de mucho esfuerzo logró ponerse en pie, hablar, caminar, escribir su libro y viajar por el país compartiendo su experiencia y llevando su mensaje a toda conferencia a la cual es invitada de honor.

En el momento en que sufrió el ACV que puso en riesgo su vida, Sofía no estaba sola. Su pareja, Guillermo Velarde y un guía de montaña que acompañaba al grupo, intervinieron de manera urgente ni bien notaron que las cosas no iban del todo bien en medio de la travesía. El operativo incluyó su traslado, en primera instancia al centro de salud de Uspallata.

Hoy, sus palabras no son más que de agradecimiento para los equipos de salud que en Mendoza la asistieron. Su traslado al Hospital central fue inmediato, como así también la asistencia brindada.

Fuerza interior par no dejarse vencer

Cuando abrió los ojos en la cama del hospital, Sofía comprendió que ya su vida no sería la misma, sino que estaría repleta de desafíos. Desafíos que no dudó en tomar a su favor como una oportunidad. «Cuando desperté, no podía mover mi cuerpo, tenía una parte de la cabeza hundida y no podía hablar ni procesar ideas para transmitirlas», recuerda de aquellos instantes en los que el amor de su familia fue el sostén más importante para no dejarse vencer. «De repente me vi sentada en una silla de ruedas, usando pañales y con mi brazo derecho totalmente paralizado», describe Sofía para dar cuenta de esos primeros días en que como nunca antes, su fuerza interior floreció para dar paso a la esperanza.

Hoy, sus palabras no son más que de agradecimiento para los equipos de salud que en Mendoza la asistieron. Su traslado al Hospital central fue inmediato, como así también la asistencia brindada.

Fuerza interior par no dejarse vencer

Cuando abrió los ojos en la cama del hospital, Sofía comprendió que ya su vida no sería la misma, sino que estaría repleta de desafíos. Desafíos que no dudó en tomar a su favor como una oportunidad. «Cuando desperté, no podía mover mi cuerpo, tenía una parte de la cabeza hundida y no podía hablar ni procesar ideas para transmitirlas», recuerda de aquellos instantes en los que el amor de su familia fue el sostén más importante para no dejarse vencer. «De repente me vi sentada en una silla de ruedas, usando pañales y con mi brazo derecho totalmente paralizado», describe Sofía para dar cuenta de esos primeros días en que como nunca antes, su fuerza interior floreció para dar paso a la esperanza.

Tanto fue su amor por la vida y su convencimiento de poder lograr superar ese cuadro, que no dudó en apelar a todas las instancias posibles. Además de las terapias convencionales para disipar el daño que el ACV generó en su cerebro, redobló esfuerzos en cada sesión de kinesiología; hizo terapias de tipo ocupacional, compartió momentos con otras personas para activar sus movimientos en las clases de hidroterapia, nunca faltó al psicólogo, hizo yoga y reiki. Tal vez, la demostración más grande de amor incondicional, la vivió junto a su mamá.

Ella, siendo maestra, la visitaba, dos veces cada día, para recordarle los ejercicios necesarios, de manera de recuperar el habla, escribir y expresar oraciones con cohesión. «Ella me ayudaba a leer y escribir. Sé que he sido y soy una privilegiada, por todo el amor que he recibido por parte de mi familia, amigos y compañeros de trabajo. Me han tenido mucha paciencia», dice entre risas Sofía, del otro lado del teléfono, antes de terminar su relato. La Legislatura de la ciudad Autónoma de Buenos Aires como así también la de Santa Fe, ya han destacado su labor y distinguido el contenido de su libro, en el marco de la promoción por los derechos de las personas con discapacidad. Ahora, su misión, siente está siendo cumplida. Su mensaje seguirá llegando a los corazones en cada experiencia y viaje compartido, donde cada vez, su espíritu de superación seguirá siendo fortalecido. ¿La clave? Una vez más, dice, el ímpetu por «disfrutar de cada minuto la vida».  

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